Partería Tradicional Mejicana
Doña Irene Sotelo Álvarez
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[Editor's note: This article was first published in English in Midwifery Today Issue 75, Winter 2005. Reprinted from OB STARE, El Mundo de la Maternidad, Winter 2004–05, Number 15. Transcription of a presentation given by Doña Enriqueta Contreras at the Conference "Parteria Tradicional Mejicana" in Barcelona, 22–24 October 2004.]
[Nota de la Editora: Este artículo fue publicado primero en inglés en Midwifery Today Issue 75, Winter 2005. Este artículo fue publicado primero en OB STARE, El Mundo de la Maternidad, invierno 2004–05 numéro 15. Transcripción correspondiente a la charla ofrecida por Doña Irene Sotelo Álvarez dentro del Seminario "Parteria Tradicional Mejicana," celebrado en Barcelona los dias 22–24 octubre de 2004.]
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| Doña Irene Sotelo Álvarez |
Hola, mi nombre es Irene Sotelo Álvarez y vengo del estado de
Morelos, aunque soy nacida en el estado de Guerrero. Les platicaré
sobre cómo Dios utilizó mis manos desde la edad de 9 años. Yo tenía 5 años cuando mi padre falleció; mi mamá estaba embarazada de un mes de mi hermana, la tercera; yo soy la mayor. La partera que la
atendió fue la que me enseñó. Doy gracias y pido que Dios la tenga
en un lugar bueno por todo lo que me enseñó. Mi mamá trabajaba en
el campo. Cuando mi hermana tenía 4 años, aún no caminaba, quizás por falta de atención, falta de alimento, qué sé yo… Yo la cargaba, pero a esa edad ya no aguantaba el peso. Yo tenía 9 años. Me
planteé que tenía que hacer algo, porque tenía que caminar. En
nuestra comunidad no había médico. Por mi mente pasó llevarla a la arena caliente de un río que estaba cerca. Sobre las 12 o 1 de la
tarde, cuando la arena estaba más caliente, se la untaba en las piernas.
Y en casa, cuando mi mamá guisaba huevos, la clara que quedaba
en el cascarón se la untaba en las rodillas a mi hermana. Ella
caminó. Era como si alguien me dijera que hiciera aquellas cosas. A
partir de ahí, descubrí que Dios me había dado algo bueno en las
manos, y como la partera que había atendido a mi mamá era muy
viejita, yo la acompañaba a atender partos. Ella era una partera muy
lista. Yo era una niña y, cuando veía a alguna mujer que ya tenía a
su bebé y no me había invitado, me di cuenta de que sólo me avisaba cuando los partos eran difíciles. Estoy muy agradecida por todos
los secretos que me transmitió, y gracias a eso estamos aquí ahora.
Cuando estaba de novia, el chico no quería que atendiera partos; al
decirle que curaba, pensaba que estaba loca. Yo le dije que me casaría,
pero que seguiría atendiendo partos y curando. No fui la mujer
hacendosa y de casa que pensaba, pero luego me apoyó. El médico
más cercano estaba a dos horas: una caminando, y otra, en coche.
Cuando murió mi maestra, yo era la única partera de mi comunidad.
Cuando se le terminó el trabajo a mi esposo, entonces nos fuimos al
estado de Morelos, donde ahorita allí estoy, un pueblo donde no
había médico. Yo quería irme a un pueblo donde no hubiera médico, para poder seguir haciendo mi trabajo. Y en esta nueva comunidad
también empezaron a reclamarme; incluso desde mi otro pueblo, de
Guerrero, venían a parir conmigo. Llevo 47 años de Partera y
Sanadora (27 años, en Guerrero, y 30, en Morelos). Empecé, como
dice Queta, por necesidad, porque me gustaba. En la comunidad soy
muy respetada. Me conocen por la Partera, la Sanadora, la
Sobadora, la Médico, y agradezco mucho la confianza que el pueblo
ha depositado en mí. Las mujeres mejicanas aún son pudorosas, y
les cuesta que el marido o la familia presencien el parto.
La gente se va concienciando de la sabiduría y hermosura del cuerpo
que Dios les ha dado. En las consultas prenatales, les enseñamos
el valor que tiene cada mujer, lo valioso que tiene una mujer para
tener un hijo. Para tener un hijo, la mujer debe ser fuerte y valiente.
Nosotras, como parteras, tenemos que concienciarlas de que el dolor
de las contracciones es un dolor satisfactorio, porque vamos a tener
un hijo. Los doctores le meten miedo a las mujeres: eres muy joven,
eres muy vieja, el niño es muy grande… Todo esto es mentira, porque
Dios no se equivocó al diseñarnos. Dios nos diseñó sabiendo
que íbamos a parir. Las complicaciones se pueden solucionar
porque el cuerpo es sabio. Como mujeres y como parteras, nuestra
única función es ayudarnos. Tenemos que evitar las cesáreas.
En la Comunidad hacemos de consejeras, psicólogas, médicos…
Lo importante es no quedarnos con lo que sabemos, sino transmitir
el conocimiento, enseñar a amarse y a cuidarse.
Ahora estamos intentando que el papá intervenga desde las consultas
prenatales hasta el parto y postparto. El contacto entre la pareja
durante el trabajo de parto es muy importante; ven la realidad y favorece
la unión familiar.
La tecnología no siempre es segura; la tecnología falla. Pero nuestro
cuerpo no falla porque es perfecto. Lo principal de nuestro trabajo
es la humildad. La humildad nos va a hacer grandes algún día.
Agradezco la presencia de ustedes aquí. Dios nos ha dado todo a
bandeja de plata: el agua, las plantas, el barro… Nuestra curación
está en lo que Dios nos ha dado. La base principal para que un bebé
nazca sano y a término está en la alimentación de la madre. En los
vegetales encontramos todo lo que nuestro cuerpo necesita, porque
es lo que Dios nos ha dado. Las invito a utilizar sus manos para
curarnos unos a otros. ¿Por qué desperdiciamos lo que el Creador
nos ha dado? ¡Qué bueno sería que cada una de ustedes pudiera
transmitir el mensaje de que en la Naturaleza está nuestra curación!
¿Cómo interpretan el dolor en el parto?
La base del dolor de parto es el miedo. Nosotras, las profesionales,
debemos transmitir cosas positivas: que el cuerpo se contrae, pero
no es dolor.
¿Negamos el dolor, entonces?
No es dolor en sí, es el proceso del cuerpo, y entonces intervenimos
con masajes, agua caliente…
¿Qué nos puede decir de la presencia del hombre en el parto? Si está nervioso puede influir negativamente en el proceso.
La presencia o no del hombre en el parto dependerá de su estado.
Pero si él quiere estar, hay que permitírselo.
Me gustaría que nos dijeran qué medios materiales que utilizan en la atención al parto (guantes, suturas…).
Ahora tenemos que utilizar guantes, para protegernos del SIDA,
pero antes no los utilizábamos. Escuchamos el latido con el Pinard,
pero antes lo escuchaba con el oído. Nunca utilizamos oxitocina,
sino plantas. No hacemos tactos, sino por la frecuencia de las contracciones,
tocando el vientre y observando los cambios físicos de la
mujer sabemos la dilatación que tiene. Tampoco hacemos episiotomía,
sino que durante el embarazo la mujer hace ejercicios para su
fortalecimiento. Lo único que hacemos es presionar el periné en el
expulsivo para que no se rompa. Cuando la mujer tiene 8 cm. de dilatación,
le damos una infusión para el avance del proceso. La mujer
es la que decide cómo va a parir. No suturamos, sino que si el periné
se rasga, le ponemos una planta, el ashiwi, y el tejido se pega.
¿Qué diferencias perciban entre las mujeres de su entorno y las occidentales en relación a la maternidad?
Las mujeres de nuestro entorno somos muy morenas, de campo y
muy fuertes. Es muy raro escuchar a una mujer que grite mientras
está dando a luz. Me he dado cuenta de que la gente blanca es más
sensible; hasta su periné es más sensible. La gente de campo es
más fuerte que la de ciudad.
[Intervencion de Doña Queta] No es una crítica, pero sí hemos observado que la gente de ciudad se ha desconectado de su propia realidad: quiénes
somos, qué tanto valemos, qué importancia tenemos los seres
humanos y la naturaleza… La cultura les ha inculcado otra información
que bloquea su instinto. La mente graba la información que recibimos,
y el médico muchas veces hace diagnósticos erróneos basados
en el miedo, y eso se queda en nuestra mente. La televisión, por
ejemplo, es uno de los elementos que más energía nos roba; y con
poca energía perdemos la confianza y se instaura en nosotros el
miedo. Perdemos la idea de nuestra capacidad de vivir y parir felices.
El Gran Creador nos dio un cuerpo perfecto que es capaz de hacer
su propio trabajo.
Me gustaría hacer una reflexión: no son sólo las mujeres las que
están desconectadas de su cuerpo y tienen miedo, sino que nosotras, las parteras, también tenemos miedo. Miedo porque nos han
enseñado a atender los partos con oxitocina, episiotomía, monitoreo,
tactos… Nosotras mismas estamos aterradas porque sin todas estas
intervenciones no sabríamos atender un parto. No les podemos decir
a las mujeres que no tengan miedo y que sus cuerpos son sabios
porque nosotras mismas no nos lo creemos. Algunas veces nos
encontramos con mujeres que no dicen que no quieren oxitocina, no
quieren episiotomía, quieren a sus bebés con ellas… pero nosotras
decimos que no porque hay que cumplir con el protocolo.
Doña Irene: Cuanto menos se intervenga, mucho mejor. Ustedes,
las parteras, ármense de valor y desháganse del miedo, porque es
posible dejar de tener miedo.
Quiero decir que a lo largo de la exposición se está manifestando la
riqueza de vuestra cultura indígena. ¿Podríais decirnos las palabras
para "mujer" y "dolor" en vuestra lengua?
Perdón por los hombres que están aquí, pero nosotras, las mujeres
somos el pilar que sostiene al mundo. Los hombres tienen mucha
fuerza física, pero nuestro valor como mujeres es muy importante.
En Méjico, si un hombre deja a una mujer con 10 hijos, ella los saca
adelante, les da estudios… Pero si un hombre se queda con 3 hijos,
se los lleva a su mamá o a sus padrinos. Desgraciadamente, nuestra
autoestima como mujeres está por los suelos, pero tenemos que
levantarla. Una mujer, sea ama de casa o universitaria, somos iguales.
Niula: mujer
Rlaa: dolor. Un sonido que va al corazón. En lugar de decir dolor,
decimos amor. Nuestras lenguas indígenas tienen sentimiento, y a
través del sonido espiritual, las palabras logran dominar al dominador.
La palabra "dolor" no existe. El dolor es amor; es una bendición
que acaricia.
Gracias por todo lo que nos están contando. Quisiera saber si alguna
de sus hijas son parteras.
Mi hija sabe todo lo que yo sé. Mi hijo sabe todo lo de curación. Mi
hija me ayudaba a atender partos, pero ahorita no, porque se fue a
vivir a otro lugar. A mis hijos nunca los llevé al médico. Igual que yo
aprendí de mi mamá, porque ella nos curaba con plantas, masajes,
baños…
Supongo que en la sala habrá más gente como yo, que he parido
en casa. Soy matrona hospitalaria, pero decidí parir en casa para
saber lo que sentían las mujeres cuando parían conmigo. A mí me
resultó tremendo, me dolió muchísimo. Es importante entender a las mujeres cuando nos dicen que les duele. Aquí, quizás por nuestra
cultura, nos duele, y creo que si les niego a las mujeres su dolor,
puede ser aún más tremendo para ellas. Si yo les niego a las mujeres
su dolor, creo que no empatizo con ellas.
Lo importante es que cuando una se conecta con la que va a parir,
el parto es calentito. Pero en una institución, el parto es frío. Como el
parto es frío, ella va a sentir mucho dolor. Pero si usted le brinda confianza,
la toca, la agarra… Nosotras las abrazamos, las besamos…
para transmitirles seguridad. La mujer de parto se va a sentir amada,
comprendida, y el dolor de parto va a disminuir. Ya no es lo mismo.
Es cierto que duele, pero no es lo mismo. Sólo con un toque, ella va
a sentir confianza, va a sentir que usted le está brindando calor.
Nosotras la abrazamos, le damos un masajito… y eso hace que el
dolor disminuya.
Yo también he parido en casa. Aquí en España hay que luchar
muchísimo contra el sistema y el protocolo. Sabemos que el trabajo
de parto duele, pero cuando yo preparo a las mujeres, en lugar de
dolor hablo de sensación, que es la sensación más grande que yo he sentido. Así que sí podemos borrar de la pizarra de nuestra mente
contracción = dolor (…). Soy mejicana (…), pero es verdad que en
España cuesta mucho más el contacto (…). Creo que la preparación
al parto está dentro del cuerpo, y sólo hay que despertarlo (…).
Es bien importante que no engañemos a las mujeres diciéndoles
que no duele, pero cuando la mujer grita, por ejemplo, hay que darle
tranquilidad. Para eso estamos ahí. Hay que decirle: "Abre la ventana,
porque el bebé va a salir. Respira profundo, porque la sensación
va pasando."
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